Cosas que NO necesito oír durante una crisis de lactancia

By Li

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Francamente, no sé si nuestra lactancia va a sobrevivir a esta crisis. Tengo días terriblemente pesimistas y hoy es uno de ellos. Vampirito está recuperando el hambre y su agresividad cuando no come, pero desde ayer de madrugada no hay forma humana de que se coja al pecho. La vieja técnica de esperar a que esté atontado para enchufárselo ya no funciona porque aguanta como mucho tres minutos, así que la frustración va a más. Sigo sacándome leche, pero claro, no sale la misma cantidad que saca Vampirito.

Más cosas que he intentado en las últimas horas:

  • Cambiar de biberón. Me he comprado un Calma de Medela y mi madre (luego hablo de ella) ha dicho que el niño no lo quería, pero a mí me lo ha cogido. Veremos. La idea es que no le resulte tan fácil comer y siga rechazando el pecho.
  • Cambiar la táctica de engañarle usando una pezonera llena de leche (ordeñando manualmente). De esta forma, el cambio entre el chupete y la pezonera es mucho menor. Ha funcionado durante 7 minutos, hasta que se ha dormido.
  • Piel con piel antes de la toma. Pasa de mí, sobre todo porque antes de cada toma le he de poner Rhinomer y me odia desde entonces. Desde que le doy Rhinomer, le aspiro los mocos y le doy las gotas para el resfriado y las vitaminas. Además, al estar resfriado el piel con piel requiere tal infraestructura de calefactores y chaquetas que acaba siendo mucho más complicado.

Y entretanto, durante todos estos días he recibido de mi entorno mucha ayuda y poco apoyo. Es evidente que todos lo hacen con la mejor intención y que lo primero es la salud del niño. De hecho, yo misma me he metido en esta situación porque cuando vi que no había manera de que comiera y perdía peso, empecé a darle biberones. Pero eso no impide tener que recibir mensajes como:

  • “No te preocupes, ya le has dado el pecho tres meses, con eso es suficiente”. Pues yo le quiero dar el pecho seis meses.
  • “A ver si vas a matar al niño de hambre”. Vamos a ver, no soy tan gilipollas.
  • “Yo no te digo que te pases a la fórmula pero…” Y ahí una serie de variantes como: sacarse leche a todas horas es un coñazo, lo tendrás que hacer igual cuando vuelvas al trabajo, tú te has criado con fórmula y no pasa nada. Pues claro que no pasa nada y no seré peor madre por pasarme a fórmula, pero simplemente me apetece seguir con la lactancia materna.
  • “Eso es que el niño ya no quiere más pecho”. Ya, venga va.
  • “Prueba darle el pecho cuando acabe el biberón”. El rollo es hacerlo al revés.

Eso se mezcla con pasarme el día intentando detectar toses y respiraciones raras en Vampirito por si tengo que salir corriendo a Urgencias porque sí, este primer resfriado con tos chunga me pilla primeriza, agotada porque las noches son cañeras y desquiciada por el tema de la lactancia. Mi desquicio es tal que mañana recibimos una báscula para poder hacer doble pesada a Vampirito. Justo ahora que el niño pasa olímpicamente de mamar nada. Siempre tan oportuna que es servidora…

 

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