Eso de la conciliación

By Li

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El primer afectado por mi vuelta al trabajo es este blog: lo tengo abandonado. Volver al curro ha mandado a tomar viento todo lo que había conseguido organizarme y todos mis grandes planes para estos meses. Han pasado dos semanas desde la reincorporación y creo que ya puedo decir que mi plan perfecto ha funcionado parcialmente, que ya es más de lo que esperaba. La realidad, a día de hoy, es esta:

  • Es imposible hacer mi trabajo en las 5 horas que pensaba dedicar, especialmente si las 5 horas son menos de 4 por las interrupciones para dar el pecho. Así que el primer fail ha sido lo de querer organizarme de 9 a 14. También es cierto que sigo poniendo al día cosas que han estado medio paradas estos meses y que, al empezar a rodar, todo debería tranquilizarse un poco.
  • Es imposible trabajar estando sola con Vampirito. El niño es un amor pero lo de dormir durante el día no le va nada de nada. Como mucho, hace un par de horas de siesta de 13.30 a 15.30 y entonces me toca comer delante del ordenador para aprovechar ese tiempo al máximo, pero una vez se despierta, Vampirito quiere marcha y yo no soy nadie para negársela.
  • La crisis de lactancia de Vampirito ha sido letal. Ahora está mucho más encaminado, pero el tercer al cuarto mes, cada toma era mínimo 40 minutos de lucha y así es completamente imposible trabajar porque acababa sacando una hora entre toma y toma.
  • Sacarme leche es un coñazo. Por suerte, he agujereado dos sujetadores viejos y puedo sacarme leche sin usar las manos mientras trabajo, pero es un rollo. Por ejemplo, mañana tengo dos reuniones desde las 9.30 y me tendré que sacar algo de leche antes y, según tenga el pecho, algo después. Eso condiciona muchísimo cómo va la mañana. Además, cada bolsa de leche que saco del congelador me obligo a reponerla en el día para mantener mi stock de litro y medio.
  • Me siento fatal cuando estoy trabajando y Vampirito está alrededor. No sé si estoy genética o socialmente programada para hacerme cargo de mi hijo y me siento fatal cuando otra persona le está cuidando y yo estoy delante. Me siento como si le estuviera desatendiendo o como si fuera una egoísta de mierda cuando, en realidad, estoy currando exactamente igual que su padre, pero sin terminar de desconectar de él. A las mujeres nos dicen que estudiemos para llegar lejos y, cuando somos madres, nos mandan un ejército de remordimientos para que cerremos el ordenador y nos dediquemos en cuerpo y alma al churumbel. Y ojo, que a mí me encantaría, pero no me puedo permitir cerrar el negocio por un millón de motivos. Uno de ellos es que no quiero.
  • El problema no es trabajar, es todo lo demás. Yo me despierto, juego 20 minutos con Vampirito en la cama, desayuno, me ducho con él en la hamaca, pongo la lavadora, me pongo a currar cuando llega mi madre, curro toda la mañana con los paréntesis de dar el pecho, si está mi madre como algo decente y si no, lo primero que pille por la nevera, luego tengo que recoger la cocina, doblar la ropa de la secadora y bla bla bla. Cuando VPadre llega de currar a las 20, generalmente está todo hecho. Y si sufro con una persona que viene a casa dos días a la semana, no quiero imaginarme lo que sería sin ayuda: saca cerca de 8h para currar, intenta mantener tu casa, alimentar al niño, jugar con él… Así que de actualizar este blog, comer como una persona o ir al súper, ni hablamos.
  • Tener una rutina está resultando más que complicado. La semana pasada, mi suegra estuvo enferma y esta se ha ido de viaje, así que mi madre lleva casi tres semanas de nanny prácticamente full-time de Vampirito. Para que no se pase el día en mi casa, me vengo yo a la suya con todo lo que eso implica (sacar al niño de casa, tiempo en traslados, mi casa hecha un Cristo…). Y así, todo. Creo que todavía pasarán unos meses hasta que podamos tener algo parecido a una rutina eficiente
  • Y sí, todo esto es por la lactancia. Creo que todo mi entorno esperaba que en la revisión de los cuatro meses la pediatra me pasara a la leche de fórmula, pero por suerte para mí, insistió en que aguante por lo menos un mes más. Eso significa que Vampirito seguirá condicionando mi horario y mis días como mínimo un mes más y no tengo ninguna intención de que deje de hacerlo a corto plazo. Cada día tengo más claro que todo será un desastre hasta que el niño vaya a la guardería después del verano. Será un puto desastre, pero el puto desastre que yo he elegido.

Así que esa es mi primera conclusión: se puede tener un hijo y trabajar, pero la vida dará para poca cosa más. Intentar cuadrar una semana como esta en la que tengo oculista yo, vacunas el bebé y cita para hacerle el DNI, los días no tienen ya minutos libres. Y luego está la carga mental y un montón de cosas más de las que no voy a hablar porque voy mal de tiempo y porque no tengo ganas de cabrearme demasiado.

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