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Mi modelo de conciliación (o el dilema de la eterna pringada)

Supongo que exactamente igual que existen mil modelos de crianza, existen mil modelos de conciliación. Supongo también que ninguno de esos modelos de conciliación es lo que los padres, las madres o la familia que sea tenía en la cabeza porque, oh sorpresa, la realidad nos pasa por encima casi cada día y casi antes de empezar con las tareas. Así que voy a intentar explicar mi modelo de conciliación, que es un modelo caótico y atropellado, pero es lo que me ha ido permitiendo hacer y deshacer en función del momento vital de mi hijo. Para empezar, cuatro cosas que lo determinan todo:

  1. Soy autónoma. Podría no serlo, pero es una elección vital. No me imagino ahora mismo con un horario fijo, con una disciplina. En realidad, pringo mucho más, pero a mi manera.
  2. Mi marido trabaja mil horas. Sale de casa a las 7.15 de la mañana y llega, como pronto, a las 19.45. Sí, lo de la corresponsabilidad ya tal. Cuando está en casa, el niño es suyo y gran parte de la casa también, pero en casa está poco.
  3. No vamos a tener más hijos. Ese detalle aparentemente sin importancia condiciona muchas cosas, como querer exprimir la experiencia al máximo.
  4. Los 4 abuelos de Víctor están jubilados. Somos muy afortunados en este sentido porque tenemos muchísima ayuda y, sin ellos, directamente mi conciliación sería imposible.

Una cosa que tuve claro desde el primer momento, porque las que tenemos hijos por reproducción asistida no podemos hacernos las sorprendidas, es que no iba a hacerme una in vitro casi a los 39 años para tener un bebé al que aparcar de 8 a 20h. Para disgusto del mercado laboral, que nos quiere con disponibilidad libre prácticamente después del momento después de parir, yo decidí que sí, que curraría, pero al ritmo que mi hijo y la logística familiar me permitieran. Hace casi un año repasaba cómo habían sido mis primeros 9 meses de conciliación y no voy a volver a contar lo que ya he escrito, pero el resumen general es: concilio sobreviviendo, adaptándome al momento y con muchísimas dosis de paciencia.

¿En qué punto estamos ahora?

Víctor está a punto de cumplir los 20 meses, va a la Escoleta de 8 a 15 y por las tardes está con los abuelos o con nosotros. ¿Podría quedarse hasta las 16.30? Pues sí, pero preferimos que esté con los abuelos a que esté tantas horas allí. El año que viene a lo mejor cambiamos de idea, pero esa es la realidad a día de hoy.

En mi modelo de conciliación hay algo imprescindible: trabajar desde casa todo lo que pueda. Lo odio con todas mis fuerzas y días como hoy (los lunes no salgo de casa hasta que me voy con el niño al parque sobre las 18h) me vuelvo loca, pero es fundamental para intentar mantener la casa medianamente al día. Sí, la casa, la tercera pata de la conciliación. Crees que vas a poder con tu hijo y con tu trabajo y podrías, claro que sí, pero ya no es todo tan fácil con planchas, compras, comidas, limpieza. Que en casa nos ayudan un día a la semana, pero el presupuesto no da para dos días y el resto nos lo comemos nosotros. Perdón, se lo come servidora.

Todo el tiempo que pierdo en traslados a alguna de las dos oficinas en las que trabajo es tiempo que no trabajo, que no estoy con mi hijo, que no arreglo la casa. Casi 1h al día entre circular y aparcar. Eso suma 20 horas al mes en jornada laboral que se van a la mierda. Al menos, los días que voy a mi despacho voy paseando y eso es lo más parecido a hacer deporte que hay en mi vida en estos momentos, pero todo lo que implique coger el coche es, a día de hoy y con los tiempos tan apurados que llevo, una p**a pérdida de tiempo. Si me quieres joder la vida, ponme una reunión presencial.

¿Cómo transcurre la semana?

Lunes. Trabajo en casa. Dejo al niño a las 8 en el bus y a las 8.10 estoy delante del ordenador. Me pauto ‘descansos’ cada hora y media, teniendo en cuenta que descansar implica poner la lavadora, tender o aprovechar para ordenar el salón. Como de pie mientras recojo la cocina. Es el día del batch cooking, suelo poner la olla lenta o la thermomix a hacer faena mientras yo trabajo. Suerte de las alarmas que me avisan que la comida ya está. Sobre las 15.40 llega mi madre con el niño. Estoy con él media hora y trabajo hasta las 18.30. Nos bajamos 45 minutos al parque. Antes le he dejado la cena preparada. Sobre las 19.15 volvemos y cena. Cuando llega VPadre lo baña y, si tenemos suerte, a las 21 está sopa y podemos cenar como personas y ver alguna serie. Eso, si no me cuesta tanto dormirlo que me quedo yo frita a su lado.

Martes. A las 8 dejo al niño en el bus y a las 8.10 estoy de camino a oficina A (ajena). Estoy allí hasta las 14.45. Como delante del ordenador cosas frías y que no huelan porque es una oficina open space. Como no puedo concentrarme con gente alrededor, trabajo con cascos. A las 15.00 recojo a mi madre y a Víctor de la Escoleta y viene el show de aparcar en el barrio. Si hay suerte, a las 15.30 estamos en casa. Juego con él hasta las 16 y me vuelvo a encerrar hasta las 18.30. De nuevo, rutina de parque, etc.

Miércoles. A las 8 dejo al niño en el bus y a las 8.10 estoy delante del ordenador. Resuelvo lo indispensable y repaso si falta algo en casa (lavadoras, comida, etc). Según lo que quede en casa, me iré antes o después a oficina P (propia). Algunos días puede que incluso ni vaya. Si todo va bien, los abuelos paternos recogen a Víctor y sobre las 17 voy a por él. La tarde se hace mucho más larga, aprovechamos para ir a comprar o lo que sea. Volvemos a casa, dejo la cena semi preparada y vamos con la rutina de parque.

Jueves. Rutina de martes

Viernes. Rutina de miércoles.

Todo eso es válido cuando no hay pediatra o reuniones/fiestas de la Escoleta. Entonces las tardes se van al aire y me toca trabajar el fin de semana. En general, me está tocando trabajar muchos fines de semana porque todo eso que, sobre el papel, se ve bien, no siempre cuadra, así que me toca hacer horas y horas para terminar de sacar todo el trabajo. Ahora estamos en periodo de pico de trabajo y con 8 horas no suelo llegar, con lo cual me toca compensar los fines de semana.

Este es uno de esos posts que me ha llevado un par de meses terminar, en parte porque me cuesta la vida sentarme a escribir, en parte porque me gusta reposar bien todos estos temas para poder explicarme bien y no hacerlo en calentones. Voy a fustigarme un poco por todo el tiempo que he ‘perdido’ en preparar este post.

 

4 Comments
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4 Comments

  • Aída - @deditosenlamasa_blw

    Qué bueno que cuentes tu rutina. Aunque no soy autónoma me veo reflejada en las rutinas y vericuetos diarios que no se repiten igual los cinco días de la semana. En mi trabajo tengo bastante flexibilidad horaria y ahora mismo estoy dos días teletrabajando para poder darle más horas el pecho y para poder hacer blw más días. Flexibilidad horaria significa currar algunos findes y sacar tiempo por la noche si me ha quedado algo pendiente. No se dan duros a pesetas…

    No me puedo quejar porque esto me permite acercarme a hacer las cosas como quiero con mis hijos, pero a la vez me complico la vida mucho. Si no tuviéramos opción probablemente viviríamos no sé si más felices pero sí más tranquilas.
    Ánimo que en algún momento cuando sean más mayores encontraremos un equilibrio, y espero que tambien una terracita en verano a las diez de la noche para tomar cañas sin fin 😁

    • Li

      Muchas gracias por esos ánimos y otros de vuelta para ti! Al final no es cuestión solo de autónomas, pero la flexibilidad, como dices, trae ese grado de responsabilidad: si no puedes hoy, tendrás que hacerlo mañana. Aunque mucha gente se crea que la flexibilidad es dejar el trabajo cuando se te sale de las narices
      Cuando llegue esa terracita te lo haré saber jajaja

  • Mari

    Bueno pues a todo eso , sumale mellizos , padres mayores suegros en otro pueblo y niños solo hasta las 12:30 en la guardería 😅

    • Li

      Eso es muy, muy, muy de campeonas!!

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