Conciliación Maternidad

Señales de alarma

Me sé la teoría. Al dedillo, como buena ex-empollona. Me lo sé todo: hay que relajarse, salir con los amigos, hacer deporte, tener hobbys, follar, viajar, comer bien… Hay que hacer todo lo que hacías antes de tener hijos, pero también teniéndolos. Correcto. De verdad que me lo sé. Lo del autocuidado y tal. Lo de los huecos para el deporte y los planes de la pareja. Pero, como casi siempre, de la teoría a la práctica hay un abismo.

Cuando el mayor condicionante de tu vida es la logística familiar, toda esa teoría se va al garete. Hay que hacer deporte, claro que sí, pero ¿cuándo? ¿A las 22h cuando acuestas al bebé? ¿Pasas de ir a trabajar para irte a correr? ¿El fin de semana que es cuando haces la compra porque entre semana no te da la vida? ¿Te compras una bici estática para que termine siendo un perchero? De verdad que nos sabemos la teoría, pero para poder ponerla en práctica deberíamos tener, como mínimo, otra vida.

Lo que pasa es que las señales de alarma son cada vez más fuertes. Que tenemos que parar, que tenemos que ser capaces de dedicarnos algo de tiempo. Que no podemos vivir continuamente de un lado a otro, comiendo delante del ordenador, durmiendo poco y mal. Mi ansiedad y las migrañas de Víctor. Mi ciática y sus problemas de estómago. Nos sabemos la teoría y nuestros cuerpos nos están pidiendo a gritos que la pongamos en práctica.

Entonces nos quedamos los dos mirándonos con cara de gilipollas y empezamos a preguntarnos por dónde empezar. Todavía queda bastante trabajo en casa y ver cada día el carro verde de la mudanza en el salón no hace sino aumentar esta sensación de desorden y de provisionalidad. Nos queda ropa y nos quedan cuadros en el otro piso, pero ahora mismo sería un follón. Nos queda un tablero por comprar, algo de DIY por hacer, las cortinas por terminar. Tampoco tenemos menús semanales coherentes  ni terminamos de ser capaces de establecer una rutina nocturna coherente y firme porque cada día nos pasa una cosa y no hay ni rutinas ni nada. Es curioso, pero para poder tener tiempo para nosotros, primero tenemos que organizarnos para ser capaces de desatascar todas esas tareas que lastran las semanas. Y así, siempre.

 

(En la foto, Víctor intenta destrozarme el ordenador. Ojalá lo consiga un día)

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